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La Coctelera

tio-anton

30 Septiembre 2009

UNA FOTO DESENFOCADA

 

     La fotografía de Zapatero y familia junto al matrimonio Obama, colgada en la página web de la Casa Blanca, cuajó el detonante -previsto o no- de un jocoso muestrario de dislates, comentarios colaterales (entre la impiedad y el desdén)  y el silencio ruidoso cargado de vasallaje. El eco de la instantánea se prolongó una semana; ahora queda lo más consistente: la impronta. Lo curioso, quizás lo perseguido, es que los medios -en cierto modo deslumbrados por el envoltorio- han desenfocado la foto. No es que presentara contornos difuminados, faltos de nitidez; ¡qué va! Los personajes, sus complementos, el entorno, se apreciaban con la excelencia de un trabajo bien hecho, dentro de los límites ópticos que cada cual tenga o quiera imponerse. El conflicto surge cuando concentramos la vista sobre el detalle, obviando la esencia. Aquí se hace ostensible la contaminación espectral.

 

     Zapatero, político incompetente pero hábil demagogo, no suele actuar por casualidad o inercia; por el contrario planea con detalle la lectura y repuesta colectivas. Es poco verosímil encontrar un cabo suelto, un movimiento fruto del azar o del capricho. Todo queda supeditado a ese objetivo único de mantenerse en el poder "como sea", reserva que utiliza con profusión el jefe del ejecutivo. Posee una curiosa destreza camaleónica cuya secuela inmediata es la de permitirle adaptarse a un amplio abanico cromático, desde el rojo intenso hasta los tonos azulones, sin sufrir apenas menoscabo su naturaleza, acomodada a cualquier tipo de ventura. Esta querencia le faculta ser el Dr. Jekyll, en ocasiones, y Mr. Hyde, en otras, ocupando todos los espacios del alma humana. Fuera de él -para el adversario-queda la nada, un vacío inhóspito donde, en extraña paradoja, se aloja la corrupción, el fraude, la voracidad; en fin, el abismo repleto de excesos antisociales.

 

     Hace unos meses tocaba traer definitivamente las tropas de Kosovo, en una maniobra de desagravio a los pacifistas con etiqueta (ellos dejan al resto, en su estúpido cotejo, el ansia de guerras o violencias dispersas), con el visto bueno de algún militar agradecido que califica nuestra  política exterior como la más coherente de la Unión Europea. Unas semanas atrás, interesaba el agasajo excesivo -con imagen fehaciente incluida- a ese otro aventurero con ínfulas  populistas, por tanto antidemocráticas, que se enseñorea en Venezuela y ambiciona realizarlo en otros países del entorno. Poco después le llegó el turno al gobernante de la minoría étnica boliviana, ejemplar paradigmático para materializar la alianza de civilizaciones; ese buñuelo esgrimido para ilegitimar la beligerancia contra el terrorismo teocrático, que no impide el aumento del contingente español en Afganistán para combatir la misma amenaza con quien Zapatero reclama aliarse. Con estos plantes y desplantes, coyuntura connatural en él, espera conseguir los votos bermejos.

 

       Satisfecho un flanco, urgía complacer al otro, menos exigente pero también menos adicto (recordemos que en este país se vota a la contra). Era preciso enfatizar el encuentro Rodríguez Zapatero/Obama -preludio del acontecimiento planetario, abonado por la señorita Pajín- para que España, a la sazón atomizada por tirios y troyanos, se empapara del ascendiente tan poderoso que exhibe nuestro presidente ante el fraterno "socialdemócrata" americano, discípulo ventajoso en retóricas deslavazadas; eso sí, menos inservible y con temple liberal. Cicatrizaba  de este modo anteriores heridas con el "stablisement" yanki a la vez que ajustaba su pátina antiamericana en el redil patrio. Como aditivo, adquiría una relevancia en el G- 20 posterior, exclusivamente de puertas afuera, impropia e inmerecida. Con absoluta seguridad, este episodio en Naciones Unidas y en Pittsburgh no pasó, para nuestro estadista, más allá de un encuadre fotográfico, al igual que a la gran mayoría de participantes. Le afectaba poco, él había logrado su anhelo acompañado del voto circunspecto.

 

     A mí no me incumben las hijas ni la señora de Zapatero; menos sus vestimentas, sus manías o su estética. Me preocupa, y mucho, que el aspecto extravagante haya servido de ingrediente -por igual- a tertulias relevantes y de corazón a lo largo de una semana, desviando la atención del ciudadano, inmerso en un delicado trance. A mí lo que me perturba es constatar la existencia de un mandatario con excelente fotogenia, magnífico embaucador, permanente mago; inepto sin solución. Me inquieta la deuda, el derroche, la subida de impuestos (veremos quien se escapa de pagar mil quinientos euros adicionales). Me abochorna que en nombre de la penuria -del interés social- se enriquezca todavía más a los potentados, vivan a pan y manteles quienes dicen gobernarnos y se fustigue a los trabajadores, hoy clase media. ¿Cómo se atreven a arrogarse la portavocía de sectores sociales cuya economía, con respecto a ellos,  es tan dispar que repele? ¿Cómo olvida el ciudadano mileurista que estos ricachones de nuevo cuño conforman una clase para él vetada? Mis referencias me impiden distinguir ningún político de medio pelo, con salarios (aparte comisiones, representaciones y otros "ones") inferiores a seis mil euros mensuales. ¿Con qué argumentos se ubica a unos con los ricos y a otros con los pobres, si todos constituyen  las caras de la misma moneda?

 

     Este es el verdadero enfoque del presidente en su afán fotográfico: Propaganda para ocultar la ineficacia.

 

 

 

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Sobre mí

Soy un profesor jubilado que utiliza el tiempo en gozar de sus nietos y en satisfacer su hobby desde siempre: escribir artículos

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